¿Cómo se evalúa la conducta criminal y que
acciones se toman en cuenta para su prevención y represión?
Factores
asociados a la conducta criminal.
La
conducta criminal es orientada a causar daño, creando miedo y caos, tanto al
estado como a los habitantes de un territorio. Debemos antes que todo, recordar
que el concepto de crimen y sus términos relacionados: criminalidad, delito,
conducta desviada y delincuente, son construcciones sociales y por lo tanto, no están genéticamente
determinados, sino más bien, socialmente establecido, tanto es asi, que
dependiendo del concepto que cada sociedad tenga de estos términos, asi serán,
incluso, las estadísticas criminales de cada país (Hikal, 2009).
De
acuerdo a las tasas de criminalidad mencionadas en la problematización,
estudios mencionan que esta conducta está asociada a condiciones familiares y
sociales particulares del individuo (Rodríguez, Espina y Pardo, 2013), asi como
los estilos y las pautas de crianza (Bardales y Serna, 2015), influencia de
variables socio-ambientales, en la adquisición, desarrollo y mantenimiento de
la conducta criminal (Andújar, 2011), factores psicosociales de riesgo
asociados a conductas problemáticas (Sanabria y Uribe, 2010) generalmente
dichas relaciones se señalan en forma cuantitativa y con frecuencia se supone
que si grado de determinación depende de la medida de la asociación entre los
factores biológicos, sociales y de personalidad.
Surgen tres posibles presunciones de acuerdo a
la conducta criminal: (a) ¿se expresa la conducta únicamente a través de factores
biológicos? (b) ¿se expresa la conducta por la influencia del ambiente? (c) ¿se
expresa ambos a través de una específica interacción?
Dicho
lo anterior, se presume en la tercera posibilidad, por lo que la pregunta que
surge es: ¿de qué manera se interrelacionan los factores ambientales con los
biológicos para la manifestación de la conducta humana? En este sentido
abordaremos cada uno de los factores, para dar respuesta a los interrogantes
mencionados anteriormente:
Factores
biológicos.
De
acuerdo a estudios realizados en la actualidad (Huertas-Díaz, 2011), refieren
que la conducta humana constituye un fenómeno multifactorial determinado tanto
por la interacción como por particularidades biológicas de nuestra especie que
llamaremos carácter, gobernado por el aspecto biológico pero influenciado por
el entorno (Maturana y Varela, 2021), se ha encontrado que un factor de riesgo latente
son los daños cerebrales adquiridos durante la gestión o durante la vida
extrauterina (Araya y Crespo, 2016), el uso de medicamentos, enfermedades
adquiridas o congénitas de la pareja con la que se viva (Sotomayor, 2017), de
igual forma, las evaluaciones neuropsicológicas demuestran que los niños y
adolescentes con trastornos de la conducta parecen tener afectado el lóbulo frontal
del cerebro, lo cual interfiere con su capacidad para planificar, evitar los
riesgos y aprender de sus experiencias negativas (Salazar, Ñustes y Ramírez, 2012).
Factores
sociales.
Tarín
y Navarro (2006), describen que estar expuestos a espacios donde se observan
conductas delictivas, puede ser un factor social de riesgo en el desarrollo de
la conducta criminal, junto con factores socioculturales, ambientales y
espacio-temporales ( Shlafer, 2010), influencia
delos pares, desde el ámbito quienes establecen la dinámica en el núcleo y
forman parteen el conjunto de normas y pautas de crianza (Borre y Kliewer, 2010),
permisividad y falta de vigilancia de las actividades de los hijos (Pineda y Díaz,
2015), consumo por parte de los padres y la dependencia a diversas drogas,
elevan el riesgo de que el adolescente presente una amplia gama de tendencias psicopatológicas
Marmorstein, Iacono, McGue, (2009) influencia e imitación de los padres.
Las relaciones con sus padres y hermanos son las primeras vinculaciones del niño con la sociedad (Zambrano-Lizama 2015), realizando en ellas la primera y fundamental formación para la vida social. Esto indica que las condiciones generales del sistema social y del individuo en formación siempre está la familia (Capano y Ubach, 2013), como parte de un transmisor de influencia, formando parte del proceso de identidad del sujeto.
La familia criminal tiene características particulares que es necesario entender pautas de crianza, técnicas de educación, disciplina laxa y errática (Quiroga, 2013). De esta forma las pautad de crianza están relacionadas con la formación del criminal, he aquí el alto riesgo criminógeno o pautas de crianza psico sociópatas, conformadas por técnicas de educación, haciendo énfasis en figuras de autoridad, para obtener obediencia (Shaffer, Clark y Jeglic, 2009), asi mismo los castigo lesivos como leños, cables, machetes, intento de ahogamiento, planazos, aislamiento del niño en la oscuridad y desnudo atado a un árbol, consistiendo en la incoherencia entre lo que dice, exige y hacen los padre, falta de regularidad observado a través de tratos diferenciales y la estimulación agresiva fuera del hogar, entre otros se encuentra: poco interés y atención por sus hijos, divorcio, alcoholismo, drogas o antecedentes familiares con tradiciones delictivas.
Por ello se asume que la conducta criminal se facilita a partir de la adquisición de actitudes y normas convenientes para la vida social producto de déficits inadecuados con el aprendizaje.
Otro
aspecto importante es la relación entorno-individuo, es decir que la
convivencia social con pares constituya des favorecimiento en los factores
protectores, implicando una alta probabilidad del fracaso escolar temprano y
fracaso laboral, frecuentemente acompañados de drogadicción, alcoholismo,
puesto que el adolescente por sus amistades y frustraciones encuentra en estas
sustancias satisfacción. Las constituciones del sujeto del crimen son
relevantes del condicionamiento de la probabilidad con que se realicen sus
comportamientos criminales.
Factores
de personalidad.
Por
último, pero ni menos importante, se encuentra el factor de personalidad,
relacionado con el componente psicológico, García y Armas (2009), mencionan que
la conducta criminal puede darse por falta de concentración, escaso
autocontrol, hiperactividad, baja tolerancia a la crítica y a la frustración,
nivel de inteligencia bajo o impulsividad, falta de empatía (ArocaMontolío,
Lorenzo-Moledo & Miró-Pérez, 2010).
Los
estudios proponen una formulación nueva de la psicología evolutiva (Bosick,
Bersani, & Farrington, 2015) acerca de la interacciones persona-situación,
que se resuelve de dos maneras: una, en que las variables de la persona, a
través de los procesos de selección, evocación y manipulación, hacen explotar
de forma no aleatoria los episodios y problemas de adaptación, y la otra, en
que las diferencias individuales intervienen en las estrategias desplegadas
hacia la solución de los problemas de adaptación (Morizot, 2015). En
consecuencia, los humanos han desarrollado mecanismos psicológicos que son muy
sensibles a las señales que indican la presencia de cada problema de
adaptación. (Cónfer, 2010). (Solano, D.; Ballesteros, Y. (2019). P.7).
Murillo
(2006) menciona la importancia de prevenir el delito antes que sancionarlo y
reprimir a su autor, no obstante, enfatiza la ventaja de la policía
comunitaria, ya que considera que una relación cercana entre la comunidad y los
policías, así como su trabajo conjunto, es clave para la prevención del delito;
aunado a lo anterior, indica que es necesario implantar valores cívicos en las
personas que se desempeñan en puestos de policía.
Por el contrario, Devandas (2006) considera que la prevención del delito debe comprender un conjunto de acciones, idealmente ejecutadas en coordinación y que toman en cuenta las transformaciones de la estructura socio-económica. Además coloca que la prevención no debe enfocarse en modificar valores: “nos parece que concentrarse en la educación en valores no sirve de nada cuando existen necesidades materiales indispensables para una vida digna, el concepto de “pobreza moral” abstrae al sujeto de su contexto socioeconómico y les señala como responsables de si propio destino, cuando es la estratificación social del sistema capitalista de producción la que genera la exclusión de amplios sectores de la población”. Devandas (2006).
Asimismo, Monge (1993) menciona que los instrumentos más eficaces para prevenir la criminalidad radica en la solución de los problemas sociales, económicos y culturales que afectan a amplios sectores de la población, sin embargo menciona un “enfoque integral”, por lo cual comprende la prevención del delito de manera “multidimensional”, enfatizando otras mediaciones que puede dar origen a la comisión de delitos como lo son “… las condiciones materno-infantiles, la integración familiar, los efectos sociales y económicos del subdesarrollo, como la marginalidad, la migración rural, urbana, la educación y los medios de comunicación de masas…” (Monge, 1993).
Además,
se menciona que la Prevención del Delito es de carácter multidimensional, por
lo que en ella deben participar diversos sectores de la población y procurar
que se generen vínculos estructurados entre ellos (Montero 1980; Monge, 1993).
Sin embargo, es de suma importancia comprender
la “participación” que se menciona, ya que Monge (1993) indica que “Es
necesario romper con la tendencia acentuada en las comunidades a depender de
las instituciones a tratar, por el contrario, de fomentar acciones que
involucren activamente a ellas en la búsqueda de soluciones a través de sus
propios recursos materiales, humanos y organizativos.”
Por
lo tanto, se hace énfasis en un traspaso de responsabilidades del Estado a la
sociedad civil, y no una participación real de las comunidades, promoviendo
además la participación de las organizaciones voluntarias.
Por
el contrario, Olsen (2007) menciona que la Prevención del Delito debe
comprenderse como “… la acción por la cual el Estado y sus instituciones
procuran evitar que se den eventos delictivos dolosos y culposos (tratando a su
vez de aminorar a los últimos), ello por medio de una “arquitectura social” que
permita la movilidad entre las clases sociales por medio de la distribución de
la riqueza, educación adecuada y motora de esa movilidad y compromiso de los
habitantes en la coadyuva de esa prevención.
Es
importante mencionar que al hablar de prevención la mayor parte de las y los
autores hacen referencia a los tipos de prevención que existen; frecuentemente
se habla de la clasificación que divide a la prevención en primaria, secundaria
y terciaria, esto puede encontrarse en los trabajos de Montero (1980),
Barrantes (1986), Monge (1993) y Devandas (2006). Dichos autores mencionan que
la prevención primaria consiste en acciones dirigidas a atacar las raíces del
delito y la disposición de los individuos a delinquir, por su parte la
prevención secundaria se encuentra dirigida a los jóvenes entre 18-23 años, al
ser esta una población considera en riesgo social y la prevención terciaria la
cual dirige su acción a la persona que ya ha cometido delito, busca su
resocialización por vía de reeducación y readaptación. (Gonzales, S., Sánchez,
M., Vásquez, S. (2011). P.21).
Gonzales,
S., Sánchez, M., Vásquez, S. (2011). “Políticas de prevención del delito en
Costa Rica”. Recuperado de: https://www.ts.ucr.ac.cr/binarios/tfglic/tfg-l-2011-04.pdf
Solano,
D.; Ballesteros, Y. (2019). Factores biológicos, sociales y de personalidad
asociados a la conducta criminal. Recuperado de: https://repository.ucc.edu.co/bitstream/20.500.12494/15715/4/2019_factores_biologicos_sociales.pdf
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