jueves, 11 de agosto de 2022


 ¿Cómo se evalúa la conducta criminal y que acciones se toman en cuenta para su prevención y represión?

Factores asociados a la conducta criminal.

La conducta criminal es orientada a causar daño, creando miedo y caos, tanto al estado como a los habitantes de un territorio. Debemos antes que todo, recordar que el concepto de crimen y sus términos relacionados: criminalidad, delito, conducta desviada y delincuente, son construcciones sociales  y por lo tanto, no están genéticamente determinados, sino más bien, socialmente establecido, tanto es asi, que dependiendo del concepto que cada sociedad tenga de estos términos, asi serán, incluso, las estadísticas criminales de cada país (Hikal, 2009).

De acuerdo a las tasas de criminalidad mencionadas en la problematización, estudios mencionan que esta conducta está asociada a condiciones familiares y sociales particulares del individuo (Rodríguez, Espina y Pardo, 2013), asi como los estilos y las pautas de crianza (Bardales y Serna, 2015), influencia de variables socio-ambientales, en la adquisición, desarrollo y mantenimiento de la conducta criminal (Andújar, 2011), factores psicosociales de riesgo asociados a conductas problemáticas (Sanabria y Uribe, 2010) generalmente dichas relaciones se señalan en forma cuantitativa y con frecuencia se supone que si grado de determinación depende de la medida de la asociación entre los factores biológicos, sociales y de personalidad.

Surgen tres posibles presunciones de acuerdo a la conducta criminal: (a) ¿se expresa la conducta únicamente a través de factores biológicos? (b) ¿se expresa la conducta por la influencia del ambiente? (c) ¿se expresa ambos a través de una específica interacción?

Dicho lo anterior, se presume en la tercera posibilidad, por lo que la pregunta que surge es: ¿de qué manera se interrelacionan los factores ambientales con los biológicos para la manifestación de la conducta humana? En este sentido abordaremos cada uno de los factores, para dar respuesta a los interrogantes mencionados anteriormente:

Factores biológicos.

De acuerdo a estudios realizados en la actualidad (Huertas-Díaz, 2011), refieren que la conducta humana constituye un fenómeno multifactorial determinado tanto por la interacción como por particularidades biológicas de nuestra especie que llamaremos carácter, gobernado por el aspecto biológico pero influenciado por el entorno (Maturana y Varela, 2021), se ha encontrado que un factor de riesgo latente son los daños cerebrales adquiridos durante la gestión o durante la vida extrauterina (Araya y Crespo, 2016), el uso de medicamentos, enfermedades adquiridas o congénitas de la pareja con la que se viva (Sotomayor, 2017), de igual forma, las evaluaciones neuropsicológicas demuestran que los niños y adolescentes con trastornos de la conducta parecen tener afectado el lóbulo frontal del cerebro, lo cual interfiere con su capacidad para planificar, evitar los riesgos y aprender de sus experiencias negativas (Salazar, Ñustes y Ramírez, 2012).

Factores sociales.

Tarín y Navarro (2006), describen que estar expuestos a espacios donde se observan conductas delictivas, puede ser un factor social de riesgo en el desarrollo de la conducta criminal, junto con factores socioculturales, ambientales y espacio-temporales (  Shlafer, 2010), influencia delos pares, desde el ámbito quienes establecen la dinámica en el núcleo y forman parteen el conjunto de normas y pautas de crianza (Borre y Kliewer, 2010), permisividad y falta de vigilancia de las actividades de los hijos (Pineda y Díaz, 2015), consumo por parte de los padres y la dependencia a diversas drogas, elevan el riesgo de que el adolescente presente una amplia gama de tendencias psicopatológicas Marmorstein, Iacono, McGue, (2009) influencia e imitación de los padres.

Las relaciones con sus padres y hermanos son las primeras vinculaciones del niño con la sociedad (Zambrano-Lizama 2015), realizando en ellas la primera y fundamental formación para la vida social. Esto indica que las condiciones generales del sistema social y del individuo en formación siempre está la familia (Capano y Ubach, 2013), como parte de un transmisor de influencia, formando parte del proceso de identidad del sujeto.

La familia criminal tiene características particulares que es necesario entender pautas de crianza, técnicas de educación, disciplina laxa y errática (Quiroga, 2013). De esta forma las pautad de crianza están relacionadas con la formación del criminal, he aquí el alto riesgo criminógeno o pautas de crianza psico sociópatas, conformadas por técnicas de educación, haciendo énfasis en figuras de  autoridad, para obtener obediencia (Shaffer, Clark y Jeglic, 2009), asi mismo los castigo lesivos como leños, cables, machetes, intento de ahogamiento, planazos, aislamiento del niño en la oscuridad y desnudo atado a un árbol, consistiendo en la incoherencia entre lo que dice, exige y hacen los padre, falta de regularidad observado a través de tratos diferenciales y la estimulación agresiva fuera del hogar, entre otros se encuentra: poco interés y atención por sus hijos, divorcio, alcoholismo, drogas o antecedentes familiares con tradiciones delictivas.

Por ello se asume que la conducta criminal se facilita a partir de la adquisición de actitudes y normas convenientes para la vida social producto de déficits inadecuados con el aprendizaje.

Otro aspecto importante es la relación entorno-individuo, es decir que la convivencia social con pares constituya des favorecimiento en los factores protectores, implicando una alta probabilidad del fracaso escolar temprano y fracaso laboral, frecuentemente acompañados de drogadicción, alcoholismo, puesto que el adolescente por sus amistades y frustraciones encuentra en estas sustancias satisfacción. Las constituciones del sujeto del crimen son relevantes del condicionamiento de la probabilidad con que se realicen sus comportamientos criminales.

Factores de personalidad.

Por último, pero ni menos importante, se encuentra el factor de personalidad, relacionado con el componente psicológico, García y Armas (2009), mencionan que la conducta criminal puede darse por falta de concentración, escaso autocontrol, hiperactividad, baja tolerancia a la crítica y a la frustración, nivel de inteligencia bajo o impulsividad, falta de empatía (ArocaMontolío, Lorenzo-Moledo & Miró-Pérez, 2010).

Los estudios proponen una formulación nueva de la psicología evolutiva (Bosick, Bersani, & Farrington, 2015) acerca de la interacciones persona-situación, que se resuelve de dos maneras: una, en que las variables de la persona, a través de los procesos de selección, evocación y manipulación, hacen explotar de forma no aleatoria los episodios y problemas de adaptación, y la otra, en que las diferencias individuales intervienen en las estrategias desplegadas hacia la solución de los problemas de adaptación (Morizot, 2015). En consecuencia, los humanos han desarrollado mecanismos psicológicos que son muy sensibles a las señales que indican la presencia de cada problema de adaptación. (Cónfer, 2010). (Solano, D.; Ballesteros, Y. (2019). P.7).

Murillo (2006) menciona la importancia de prevenir el delito antes que sancionarlo y reprimir a su autor, no obstante, enfatiza la ventaja de la policía comunitaria, ya que considera que una relación cercana entre la comunidad y los policías, así como su trabajo conjunto, es clave para la prevención del delito; aunado a lo anterior, indica que es necesario implantar valores cívicos en las personas que se desempeñan en puestos de policía.

Por el contrario, Devandas (2006) considera que la prevención del delito debe comprender un conjunto de acciones, idealmente ejecutadas en coordinación y que toman en cuenta las transformaciones de la estructura socio-económica. Además coloca que la prevención no debe enfocarse en modificar valores: “nos parece que concentrarse en la educación en valores no sirve de nada cuando existen necesidades materiales indispensables para una vida digna, el concepto de “pobreza moral” abstrae al sujeto de su contexto socioeconómico y les señala como responsables de si propio destino, cuando es la estratificación social del sistema capitalista de producción la que genera la exclusión de amplios sectores de la población”. Devandas (2006).

Asimismo, Monge (1993) menciona que los instrumentos más eficaces para prevenir la criminalidad radica en la solución de los problemas sociales, económicos y culturales que afectan a amplios sectores de la población, sin embargo menciona un “enfoque integral”, por lo cual comprende la prevención del delito de manera “multidimensional”, enfatizando otras mediaciones que puede dar origen a la comisión de delitos como lo son “… las condiciones materno-infantiles, la integración familiar, los efectos sociales y económicos del subdesarrollo, como la marginalidad, la migración rural, urbana, la educación y los medios de comunicación de masas…” (Monge, 1993).

Además, se menciona que la Prevención del Delito es de carácter multidimensional, por lo que en ella deben participar diversos sectores de la población y procurar que se generen vínculos estructurados entre ellos (Montero 1980; Monge, 1993).

Sin embargo, es de suma importancia comprender la “participación” que se menciona, ya que Monge (1993) indica que “Es necesario romper con la tendencia acentuada en las comunidades a depender de las instituciones a tratar, por el contrario, de fomentar acciones que involucren activamente a ellas en la búsqueda de soluciones a través de sus propios recursos materiales, humanos y organizativos.”

Por lo tanto, se hace énfasis en un traspaso de responsabilidades del Estado a la sociedad civil, y no una participación real de las comunidades, promoviendo además la participación de las organizaciones voluntarias.

Por el contrario, Olsen (2007) menciona que la Prevención del Delito debe comprenderse como “… la acción por la cual el Estado y sus instituciones procuran evitar que se den eventos delictivos dolosos y culposos (tratando a su vez de aminorar a los últimos), ello por medio de una “arquitectura social” que permita la movilidad entre las clases sociales por medio de la distribución de la riqueza, educación adecuada y motora de esa movilidad y compromiso de los habitantes en la coadyuva de esa prevención.

Es importante mencionar que al hablar de prevención la mayor parte de las y los autores hacen referencia a los tipos de prevención que existen; frecuentemente se habla de la clasificación que divide a la prevención en primaria, secundaria y terciaria, esto puede encontrarse en los trabajos de Montero (1980), Barrantes (1986), Monge (1993) y Devandas (2006). Dichos autores mencionan que la prevención primaria consiste en acciones dirigidas a atacar las raíces del delito y la disposición de los individuos a delinquir, por su parte la prevención secundaria se encuentra dirigida a los jóvenes entre 18-23 años, al ser esta una población considera en riesgo social y la prevención terciaria la cual dirige su acción a la persona que ya ha cometido delito, busca su resocialización por vía de reeducación y readaptación. (Gonzales, S., Sánchez, M., Vásquez, S. (2011). P.21).

Gonzales, S., Sánchez, M., Vásquez, S. (2011). “Políticas de prevención del delito en Costa Rica”. Recuperado de: https://www.ts.ucr.ac.cr/binarios/tfglic/tfg-l-2011-04.pdf

Solano, D.; Ballesteros, Y. (2019). Factores biológicos, sociales y de personalidad asociados a la conducta criminal. Recuperado de: https://repository.ucc.edu.co/bitstream/20.500.12494/15715/4/2019_factores_biologicos_sociales.pdf

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