domingo, 14 de agosto de 2022

Facilite imágenes y mencione que instituciones nacionales generan perfiles de conducta criminal. ¿Cuáles instrumentos o disciplinas se consideran para abordar el problema criminal o delincuencial en nuestro país?

Propuestas del círculo deliberativo: “Desarrollo Humano y Seguridad Ciudadana: factores sociales de la delincuencia”

Ámbito de acción: Información

1. Estudiar sistemática y científicamente las estadísticas judiciales.

2. Promover el análisis del problema y la formulación de políticas públicas, desde instancias reconocidas y especializadas, bajo una estricta vigilancia de organismos internacionales calificados y universidades.

3. Realizar encuestas de victimización y percepción regulares y homogéneas.

4. Crear un observatorio en el campo de la cobertura mediática de la delincuencia y sus consecuencias psicosociales.

5. Promover la cooperación internacional para el financiamiento de proyectos científicos en este campo.

 Ámbito de acción: políticas de prevención

1. Definir la prevención positiva de la delincuencia basada en los conceptos de Desarrollo Humano y Seguridad Humana.

2. Enfocar la inseguridad humana y sus consecuencias desde una perspectiva de conflictividad social y de los métodos de resolución pacífica de conflictos.

3. Elaborar políticas transversales y participativas abarcando diferentes ámbitos sociales con énfasis en la igualdad de oportunidades.

4. Crear políticas específicas dirigidas a poblaciones vulnerables tales como niñez y adolescencia.

5. Establecer estrategias que se centren en el ámbito comunal y la participación ciudadana.

Ámbito de acción: Educación

1. Transformar la educación en un espacio propicio para el desarrollo de los jóvenes en donde estos puedan ser partícipes de su propio proceso de desarrollo o proyecto de vida.

2. Ahondar en la construcción de valores tales como tolerancia y respeto a la diversidad.

3. Enfocar esfuerzos en disminuir el ausentismo y la deserción escolar.

4. Proporcionar espacios para la recreación y el deporte.

5. Establecer políticas de recuperación de espacio público urbano.

6. Desarrollar políticas agresivas de empleo para los y las jóvenes que incursionan en el sector laboral.

Ámbito de acción: Cultura

1. Propiciar el uso de instalaciones educativas, como centros para la actividad deportiva y cultural.

2. Revisar los contenidos y métodos de enseñanza para adecuar el proceso educativo, enfocándose hacia las necesidades inmediatas de la juventud.

3. Crear una cultura de confianza y de respeto que supere el miedo al otro, al diferente y que promueva el acercamiento, tendiendo puentes entre los sectores e individuos en conflicto.

4. Propiciar el diálogo y la observación en y con los medios de comunicación, particularmente en la cobertura de sucesos.

5. Establecer regulaciones con respecto a los programas con alto contenido de violencia y represión.

 Ámbito de acción: Participación comunal

1. Incentivar la participación comunal, dirigida a la comprensión de las causas de la delincuencia y la reducción de los factores de riesgo.

2. Control social de las organizaciones encargadas de administrar la violencia legítima.

3. Promover la vinculación policial con las comunidades, respetando la autonomía de cada comunidad.

 Ámbito de acción: Aplicación de la ley y represión

1. Evidenciar y propiciar el equilibrio entre poder punitivo, el estado y las respuestas no punitivas existentes.

2. Profundizar en el tema de las penas alternativas a la prisión preventiva.

3. Atender el sistema penitenciario diferenciándolo de la función policial y dedicando más recursos al tratamiento y reinserción de los internos.

Ámbito de acción: Policial

1. Establecer un sistema policial sujeto al control civil.

2. Desterrar la visión guerrera del combate contra la delincuencia que conlleva a visualizar al infractor como un enemigo social.

3. Diferenciar lo policial de lo militar.

4. Propiciar la auditoria social y política de las entidades policiales.

5. Atender las políticas dirigidas a policía comunitaria.

6. Promover la especialización policial.

La unidas está conformada por profesionales en psicología, sociología, criminología, derecho; así como, investigadores de amplia experiencia. El objetivo del grupo es mediante la técnica del perfilado criminal, determinar las características del presunto criminal para disminuir el rango de posibles culpables y ayudar a la policía, a delimitar las posibilidades de investigación, facilitándoles el centrarse en los blancos realistas.


Fuerza Publica.
Servir y proteger a las personas en el goce de sus derechos y garantías individuales, preservar la democracia y soberanía costarricense.
Visión.  
Ser una institución eficiente y eficaz, con recurso humano profesional, comprometido y confiable, integrada a la sociedad en el marco de cultura de seguridad ciudadana.
    Plan estratégico. 
Prevenir la incidencia delictiva en beneficio de la seguridad de los habitantes.

Referencias bibliográficas:

 https://sitiooij.poder-judicial.go.cr/index.php/oficinas/oficina-de-planes-y-operaciones/unidad-del-comportamiento-criminal 

https://www.seguridadpublica.go.cr/ministerio/#:~:text=%22Al%20Ministerio%20de%20Seguridad%20P%C3%BAblica,la%20Ley%20General%20de%20Polic%C3%ADa 

sábado, 13 de agosto de 2022

Defina y enumere cuales son los factores criminógenos endógenos y exógenos; así como se pueden identificar y prevenir.

Factores Endógenos.

Por endógeno se entiende un aspecto que se origina por causas internas o que forman parte del interior de algo; de tal forma, para el caso en concreto, los factores endógenos que median en la comisión de un delito son inherentes a la persona infractora. Estos se pueden dividir en tres grandes categorías: los de origen biológico y somáticos; los de origen biológico que alteran la psiquis, y los de origen mental que alteran de igual modo la psiquis de la persona. (Zúñiga López. R.1976.P.106).

Entre estos, se destacan los que obtiene la persona desde el momento de la fecundación, gestación, nacimiento, hasta aquellos propios de su cuerpo y mente que desarrolla en diferentes etapas de su vida.

Dentro de los factores endógenos de índole morfológicos (afectan la forma del cuerpo), que se pueden mencionar al momento de la concepción o fecundación humana, es la herencia (tara hereditaria) y la genética. Los genes que se transmiten del padre y de la madre condicionaran, en buena medida, a la persona a través de la predisposición a cometer un delito; pero también, una anomalía dentro de la cadena genética o de ADN puede deparar un rasgo que determine o haga más proclive a la persona a actuar de cierta manera.

Esto pone sobre la mesa el viejo dilema de que si el criminal se nace o se hace. En realidad, la persona puede nacer con una mayor predisposición para llegar a convertirse en algo, pero es el ambiente aunando a la estructura lo que terminaran de fijarlo. A manera de ejemplo, una persona con tendencias agresivas y violentas, no necesariamente se convertirá en un criminal, pero si lo hará quien no tenga la personalidad de contener estos impulsos. (Zúñiga López. R.1976.P.107).

Otro factor endógeno, puede ser las complicaciones que surjan dentro del embarazo. Trastornos, traumatismos y enfermedades de la madre pueden resultar en anomalías en el feto y, con ello, problemas de diversa índole.

De igual forma, características propias de cada ser humano, a saber: el sexo y, en especial, la edad, son factores biológicos determinantes dentro del desarrollo. Estos últimos influidos por factores exógenos, pueden permear la conducta de la persona e incluso alterarla, desde una etapa de infancia y, con más razón, durante la adolescencia, verbigracia: puede trastornar la experiencia de crecimiento, y generar parafilias, rebeldías, fantasías u otros comportamientos desviados. (Zúñiga López. R.1976.P.108).

Otro de los factores que afectan la psiquis, son los problemas relacionados con el mal funcionamiento del sistema nervioso y el sistema endocrino. Estos pueden ser desbalances químicos entre las neuronas o una mala producción de hormonas puede desencadenar situaciones que afectan directamente la psiquis de la persona.

En cuanto al sistema nervioso central, surge la interrogante sobre cómo, un desajuste de las enzimas químicas que forman sus estructuras entre las neuronas puede generar el deseo manifiesto de cometer delitos.

Respecto a la endocrinología, también se tiene acreditado como incorrecto funcionamiento de las glándulas endocrinas (tiroides, paratiroides, glándulas hipófisis y suprarrenales, asi como los genitales) influyen en la conducta criminal de las personas.

Para terminar con los factores endógenos que propician la comisión de delitos, se tienen  los mentales que afectan la psiquis de la persona. Estos últimos desencadenan situaciones que pueden enajenar, de forma temporal o permanente, a un individuo.

Dichos factores, siguiendo la diferenciación esbozada por García-Pablos de Molina (2003) al citar a Vetter, son aquellos psicopatológicos (relativos a la psiquiatría); psicodinámicos relativos al psicoanálisis; y psicológicos (relativos a la conducta) o patologías que afectan directamente la psique de la persona.

·         Psiquiátricas: retraso mental, esquizofrenia y paranoia; trastornos (orgánicos, abuso de sustancias, estado de ánimo, de ansiedad, sexuales y control de impulsos).

·         Psicoanalíticas: modelo psicodinámico; pensamiento psicoanalítico.

·         Psicológicas: modelo biológico; modelos socioconductuales y factoriales; teoría de desarrollo moral.

                                           

Factores Exógenos.

Los factores exógenos hacen referencia a situaciones externas de la persona que favorecen su respuesta criminal. Sobre este punto, se distinguen dos grandes tipos de influencia: las que son causas propias del ambiente físico y las que  son provocadas por parte de la socialización de la persona.

Causas propias del ambiente físico (naturales y artificiales)

·         Ambiente naturales (clima, estaciones, temperatura, topografía, el día y la noche)

·         Ambiente artificiales (barrios, medios de comunicación)

·         Ambiente virtuales (redes sociales y comunidades virtuales)

Causas propias del ambiente social (mesologia criminal)

·         Redes de apoyo cercanas (familia, amigos)

·         Estructurales (educación, religión, económicos, culturales, políticos y migración)

En cuanto a las causas propias del ambiente físico, se puede indicar dos grandes grupos: los que están asociados a los ambientes naturales como los elementos “cosmoteluricos”; es decir, fenómenos del espacio-terreno como el clima (las estaciones, duración de día-noche, fase lunar, temperatura, topografía y uso del suelo) y los que están asociados a ambientes artificiales o creados por el ser humano, físico o virtuales.

Existen delitos que son más proclives de cometerse según la topografía del terreno, condiciones climáticas e incluso cuantas horas de luz solar hay durante el día (en algunas latitudes cuando es verano hay más de 12 horas de luz). En la actualidad, esta generación de conocimiento se utiliza con gran precisión por parte de la criminología aplicada, especialmente, analistas criminales.

El segundo factor relacionado con las causas propias del ambiente físico está vinculado también con el ambiente, pero este a diferencia del anterior resulta ser artificial, ya que es una construcción realizada por el ser humano.  (Zúñiga López. R.1976.P.115).

Mesologia criminal: se trata, de las deficientes interacciones que tiene la persona con el ambiente social. Este último, se caracteriza por ser la forma como tiene una persona para interactuar con el mundo y puede clasificarse mediante las redes de apoyo microintra-personales, que tiene a su haber el individuo, y aquellas macroestructurales que forman parte de un conjunto superior. (Zúñiga López. R.1976.P.117).

 Referencias bibliográficas.

Zúñiga López, Randall, (1976). Fundamentos de la Criminología. San José, C.R.: EUNED, 2021.



viernes, 12 de agosto de 2022

 

Señale, explique y ejemplifique cuales son los factores y causas criminógenos preponderantes para que un individuo adquiera o materialice la idea criminal traduciéndola en delito.

Los factores criminógenos, que son estímulos que propician la comisión de actuaciones marginales no aceptadas por la sociedad, pueden ser de origen endógeno (inherente a la persona) o exógenos (propiciados dentro de un medio) y tienen una connotación criminoimpelentes, o sea, que favorecen la comisión de un delito. Como contraparte, están los condicionantes criminorepelentes que evitan, cuales frenos inhibitorios, la actividad delictiva. (Rodríguez. 1981).

Para explicar esta situación, se utiliza como herramienta la criminodinamiaca, que busca establecer la forma en que se desarrolló el comportamiento antisocial. Ya solo el término ´causa´ conlleva implícito una fuerte conexión entre la relación sujeto y objeto, y de paso, una gran carga emocional asociada.

Respecto a los factores, se puede retomar el ejemplo médico para que quede más claro. Existen factores propios de la persona que la hacen más proclive a padecer enfermedades, por ejemplo: males cardiacos, como la herencia familiar, el sexo, la presión arterial, entre otros. En estos ejemplos, la causa del puede ser genética.

También, existen factores externos que favorecen el padecimiento de esos males, como el tabaquismo, el alcoholismo y la obesidad. Aquí la causa puede ser los malos hábitos alimenticios, aunado a una baja inactividad física, y el abuso de sustancias. (Zúñiga López. R.1976.P.103).

Evidentemente, por lo general, la explicación de una conducta delictiva no encontrara una respuesta única y será la combinación de factores endógenos los que puedan, con mayor certeza, explicar un comportamiento antisocial.

Asi pues, se ha permitido inferir, desde una hermenéutica criminológica, en la cual no solo existe un único factor al que se le atribuya la responsabilidad exclusiva de un delito, sino la mezcla de factores como modo de percibir holísticamente el fenómeno.

Un aspecto aplicado a la criminología, respecto a esos factores, es la posibilidad de predicción, sea esto: hechos similares anteriores que han formado un patrón de conducta ante determinados factores, los cuales, por lo general tienen un resultado muy similar con las obvias excepciones del caso. (Zúñiga López. R.1976.P.104). 

Se debe de recalcar que, definitivamente, un único factor será la causa por la cual se cometerán delitos, sino que casi siempre, es la combinación de varios factores, endógenos como exógenos los que propician la comisión de delitos.

Como corolario a lo indicado, se rescata lo manifestado por Rodríguez (1981) quien indico:

La criminología intenta describir y explicar la conducta antisocial, situarla en un momento y lugar determinado y dar leyes de aplicación universal. Pero no es solamente descriptiva, sino que busca ante todo encontrar las causas que producen y los factores que favorecen el fenómeno, y por lo tanto encontrar la forma de evitarlo. (p.26).

De tal forma, existen factores de riesgo predictores que se utilizan para determinar qué tan probable es, para una persona, convertirse en criminal. Estos factores pueden ser, según Rodríguez (1981), predisponentes, preparantes o desencadenantes. (Zúñiga López. R.1976.P.105).

Los predisponentes son los que ya la persona las trae desde su nacimiento o los desarrolla durante su vida; sin embargo, este solo hecho no es sinónimo de que sea una persona infractora. Se requiere de más para que una persona cometa el hecho criminal.      

También, se tienen los preparantes, que la persona los desarrolla en su interior, producto de la interacción social con el medio y el rechazo o la marginación que se interrelacionan con este. Tal marginación a recursos y a medios puede provocar una frustración en la persona que seguirá en aumento si no se tienen mecanismos de escape o de liberación.

De no contar con la contención correspondiente y llegado a un punto limítrofe, la persona puede reaccionar a los desencadenantes. Esto mediante una decisión apresurada y advenediza producto de un arrebato de ligereza; o, por el contrario, después de haber sopesado concienzudamente su situación particular llega a la determinación de que no le queda más remedio que proceder a la comisión de un delito.

De aquí, la importancia de que la persona cuente con medios de apoyo que le permitan dosificar los impulsos y las manifestaciones endógenas junto con un correcto abordaje de la incompleta socialización que posea. (Zúñiga López. R.1976.P.106).

Referencias bibliográficas.

Zúñiga López, Randall, (1976). Fundamentos de la Criminología. San José, C.R.: EUNED, 2021.

jueves, 11 de agosto de 2022


 ¿Cómo se evalúa la conducta criminal y que acciones se toman en cuenta para su prevención y represión?

Factores asociados a la conducta criminal.

La conducta criminal es orientada a causar daño, creando miedo y caos, tanto al estado como a los habitantes de un territorio. Debemos antes que todo, recordar que el concepto de crimen y sus términos relacionados: criminalidad, delito, conducta desviada y delincuente, son construcciones sociales  y por lo tanto, no están genéticamente determinados, sino más bien, socialmente establecido, tanto es asi, que dependiendo del concepto que cada sociedad tenga de estos términos, asi serán, incluso, las estadísticas criminales de cada país (Hikal, 2009).

De acuerdo a las tasas de criminalidad mencionadas en la problematización, estudios mencionan que esta conducta está asociada a condiciones familiares y sociales particulares del individuo (Rodríguez, Espina y Pardo, 2013), asi como los estilos y las pautas de crianza (Bardales y Serna, 2015), influencia de variables socio-ambientales, en la adquisición, desarrollo y mantenimiento de la conducta criminal (Andújar, 2011), factores psicosociales de riesgo asociados a conductas problemáticas (Sanabria y Uribe, 2010) generalmente dichas relaciones se señalan en forma cuantitativa y con frecuencia se supone que si grado de determinación depende de la medida de la asociación entre los factores biológicos, sociales y de personalidad.

Surgen tres posibles presunciones de acuerdo a la conducta criminal: (a) ¿se expresa la conducta únicamente a través de factores biológicos? (b) ¿se expresa la conducta por la influencia del ambiente? (c) ¿se expresa ambos a través de una específica interacción?

Dicho lo anterior, se presume en la tercera posibilidad, por lo que la pregunta que surge es: ¿de qué manera se interrelacionan los factores ambientales con los biológicos para la manifestación de la conducta humana? En este sentido abordaremos cada uno de los factores, para dar respuesta a los interrogantes mencionados anteriormente:

Factores biológicos.

De acuerdo a estudios realizados en la actualidad (Huertas-Díaz, 2011), refieren que la conducta humana constituye un fenómeno multifactorial determinado tanto por la interacción como por particularidades biológicas de nuestra especie que llamaremos carácter, gobernado por el aspecto biológico pero influenciado por el entorno (Maturana y Varela, 2021), se ha encontrado que un factor de riesgo latente son los daños cerebrales adquiridos durante la gestión o durante la vida extrauterina (Araya y Crespo, 2016), el uso de medicamentos, enfermedades adquiridas o congénitas de la pareja con la que se viva (Sotomayor, 2017), de igual forma, las evaluaciones neuropsicológicas demuestran que los niños y adolescentes con trastornos de la conducta parecen tener afectado el lóbulo frontal del cerebro, lo cual interfiere con su capacidad para planificar, evitar los riesgos y aprender de sus experiencias negativas (Salazar, Ñustes y Ramírez, 2012).

Factores sociales.

Tarín y Navarro (2006), describen que estar expuestos a espacios donde se observan conductas delictivas, puede ser un factor social de riesgo en el desarrollo de la conducta criminal, junto con factores socioculturales, ambientales y espacio-temporales (  Shlafer, 2010), influencia delos pares, desde el ámbito quienes establecen la dinámica en el núcleo y forman parteen el conjunto de normas y pautas de crianza (Borre y Kliewer, 2010), permisividad y falta de vigilancia de las actividades de los hijos (Pineda y Díaz, 2015), consumo por parte de los padres y la dependencia a diversas drogas, elevan el riesgo de que el adolescente presente una amplia gama de tendencias psicopatológicas Marmorstein, Iacono, McGue, (2009) influencia e imitación de los padres.

Las relaciones con sus padres y hermanos son las primeras vinculaciones del niño con la sociedad (Zambrano-Lizama 2015), realizando en ellas la primera y fundamental formación para la vida social. Esto indica que las condiciones generales del sistema social y del individuo en formación siempre está la familia (Capano y Ubach, 2013), como parte de un transmisor de influencia, formando parte del proceso de identidad del sujeto.

La familia criminal tiene características particulares que es necesario entender pautas de crianza, técnicas de educación, disciplina laxa y errática (Quiroga, 2013). De esta forma las pautad de crianza están relacionadas con la formación del criminal, he aquí el alto riesgo criminógeno o pautas de crianza psico sociópatas, conformadas por técnicas de educación, haciendo énfasis en figuras de  autoridad, para obtener obediencia (Shaffer, Clark y Jeglic, 2009), asi mismo los castigo lesivos como leños, cables, machetes, intento de ahogamiento, planazos, aislamiento del niño en la oscuridad y desnudo atado a un árbol, consistiendo en la incoherencia entre lo que dice, exige y hacen los padre, falta de regularidad observado a través de tratos diferenciales y la estimulación agresiva fuera del hogar, entre otros se encuentra: poco interés y atención por sus hijos, divorcio, alcoholismo, drogas o antecedentes familiares con tradiciones delictivas.

Por ello se asume que la conducta criminal se facilita a partir de la adquisición de actitudes y normas convenientes para la vida social producto de déficits inadecuados con el aprendizaje.

Otro aspecto importante es la relación entorno-individuo, es decir que la convivencia social con pares constituya des favorecimiento en los factores protectores, implicando una alta probabilidad del fracaso escolar temprano y fracaso laboral, frecuentemente acompañados de drogadicción, alcoholismo, puesto que el adolescente por sus amistades y frustraciones encuentra en estas sustancias satisfacción. Las constituciones del sujeto del crimen son relevantes del condicionamiento de la probabilidad con que se realicen sus comportamientos criminales.

Factores de personalidad.

Por último, pero ni menos importante, se encuentra el factor de personalidad, relacionado con el componente psicológico, García y Armas (2009), mencionan que la conducta criminal puede darse por falta de concentración, escaso autocontrol, hiperactividad, baja tolerancia a la crítica y a la frustración, nivel de inteligencia bajo o impulsividad, falta de empatía (ArocaMontolío, Lorenzo-Moledo & Miró-Pérez, 2010).

Los estudios proponen una formulación nueva de la psicología evolutiva (Bosick, Bersani, & Farrington, 2015) acerca de la interacciones persona-situación, que se resuelve de dos maneras: una, en que las variables de la persona, a través de los procesos de selección, evocación y manipulación, hacen explotar de forma no aleatoria los episodios y problemas de adaptación, y la otra, en que las diferencias individuales intervienen en las estrategias desplegadas hacia la solución de los problemas de adaptación (Morizot, 2015). En consecuencia, los humanos han desarrollado mecanismos psicológicos que son muy sensibles a las señales que indican la presencia de cada problema de adaptación. (Cónfer, 2010). (Solano, D.; Ballesteros, Y. (2019). P.7).

Murillo (2006) menciona la importancia de prevenir el delito antes que sancionarlo y reprimir a su autor, no obstante, enfatiza la ventaja de la policía comunitaria, ya que considera que una relación cercana entre la comunidad y los policías, así como su trabajo conjunto, es clave para la prevención del delito; aunado a lo anterior, indica que es necesario implantar valores cívicos en las personas que se desempeñan en puestos de policía.

Por el contrario, Devandas (2006) considera que la prevención del delito debe comprender un conjunto de acciones, idealmente ejecutadas en coordinación y que toman en cuenta las transformaciones de la estructura socio-económica. Además coloca que la prevención no debe enfocarse en modificar valores: “nos parece que concentrarse en la educación en valores no sirve de nada cuando existen necesidades materiales indispensables para una vida digna, el concepto de “pobreza moral” abstrae al sujeto de su contexto socioeconómico y les señala como responsables de si propio destino, cuando es la estratificación social del sistema capitalista de producción la que genera la exclusión de amplios sectores de la población”. Devandas (2006).

Asimismo, Monge (1993) menciona que los instrumentos más eficaces para prevenir la criminalidad radica en la solución de los problemas sociales, económicos y culturales que afectan a amplios sectores de la población, sin embargo menciona un “enfoque integral”, por lo cual comprende la prevención del delito de manera “multidimensional”, enfatizando otras mediaciones que puede dar origen a la comisión de delitos como lo son “… las condiciones materno-infantiles, la integración familiar, los efectos sociales y económicos del subdesarrollo, como la marginalidad, la migración rural, urbana, la educación y los medios de comunicación de masas…” (Monge, 1993).

Además, se menciona que la Prevención del Delito es de carácter multidimensional, por lo que en ella deben participar diversos sectores de la población y procurar que se generen vínculos estructurados entre ellos (Montero 1980; Monge, 1993).

Sin embargo, es de suma importancia comprender la “participación” que se menciona, ya que Monge (1993) indica que “Es necesario romper con la tendencia acentuada en las comunidades a depender de las instituciones a tratar, por el contrario, de fomentar acciones que involucren activamente a ellas en la búsqueda de soluciones a través de sus propios recursos materiales, humanos y organizativos.”

Por lo tanto, se hace énfasis en un traspaso de responsabilidades del Estado a la sociedad civil, y no una participación real de las comunidades, promoviendo además la participación de las organizaciones voluntarias.

Por el contrario, Olsen (2007) menciona que la Prevención del Delito debe comprenderse como “… la acción por la cual el Estado y sus instituciones procuran evitar que se den eventos delictivos dolosos y culposos (tratando a su vez de aminorar a los últimos), ello por medio de una “arquitectura social” que permita la movilidad entre las clases sociales por medio de la distribución de la riqueza, educación adecuada y motora de esa movilidad y compromiso de los habitantes en la coadyuva de esa prevención.

Es importante mencionar que al hablar de prevención la mayor parte de las y los autores hacen referencia a los tipos de prevención que existen; frecuentemente se habla de la clasificación que divide a la prevención en primaria, secundaria y terciaria, esto puede encontrarse en los trabajos de Montero (1980), Barrantes (1986), Monge (1993) y Devandas (2006). Dichos autores mencionan que la prevención primaria consiste en acciones dirigidas a atacar las raíces del delito y la disposición de los individuos a delinquir, por su parte la prevención secundaria se encuentra dirigida a los jóvenes entre 18-23 años, al ser esta una población considera en riesgo social y la prevención terciaria la cual dirige su acción a la persona que ya ha cometido delito, busca su resocialización por vía de reeducación y readaptación. (Gonzales, S., Sánchez, M., Vásquez, S. (2011). P.21).

Gonzales, S., Sánchez, M., Vásquez, S. (2011). “Políticas de prevención del delito en Costa Rica”. Recuperado de: https://www.ts.ucr.ac.cr/binarios/tfglic/tfg-l-2011-04.pdf

Solano, D.; Ballesteros, Y. (2019). Factores biológicos, sociales y de personalidad asociados a la conducta criminal. Recuperado de: https://repository.ucc.edu.co/bitstream/20.500.12494/15715/4/2019_factores_biologicos_sociales.pdf

miércoles, 10 de agosto de 2022

Abordaje criminológico ante la conducta desviada.

Conducta desviada y deficiente socialización.

Evidentemente, si alguno de los factores que intervienen en la socialización fracasan en su accionar, aumentaran entonces las probabilidades de un deficiente proceso socializador, ahora bien, en este aspecto se debe clasificar que a nuestro criterio no cabe pensar en un individuo carente de socialización, pues ello supondría un ser asocial, elemento que se da por descartado. Tal criterio entonces desplaza nuestro núcleo de atención de la existencia o no de la socialización a concentrarnos en la calidad del proceso socializador, entrando a valorar si es adecuado o deficiente.

 Si el proceso socializador no se afecta de modo correcto o completo, la deficiencia formativa que se genera en el individuo puede conducir a conflictos normativos o de comportamiento, y con ello a posibles infracciones de la ley penal. Asi pues, aceptamos como cierta la logicidad del planteamiento de que “los eventuales defectos en el proceso de socialización se han de manifestar especialmente en aquellos individuos que emergen como desviados sociales y delincuentes” (Kaiser, 1983: p. 46).

En contraste, entendemos que no siempre el infractor se encuentra deficientemente socializado. Tal es asi que inclusive la inmensa mayoría de los llamados delincuentes de “trafico” (o tránsito, delitos de tráfico rodado) y de “cuello blanco” se encuentran en general tan bien socializados que su descubrimiento e identificación, sobre todo de estos últimos, causa serias dificultades al aparato de justicia penal. Pero no solo esto, hay más: se podría discutir si la calidad de la socialización depende de si el individuo asume las pautas consideradas correctas por la sociedad o si por el contrario lo que determinan un aceptable proceso de socialización es la adecuada asunción por el sujeto de las influencias del medio en que se desarrolla y vive. Dicho asi, entonces ante el caso de aquel que nace y crece en un medio social hostil, marginal, en medio de una familia disfuncional, y en su adultez reproduce los modelos en que creció, pues ¿Quién se cuestionaría que su proceso de socialización, como proceso y no como resultado, ha transcurrido acorde a lo que su concepto modela? Sin dudas son notas para meditar.

 El orden y la estabilidad social alcanzan su salvaguarda solo por medio de una conformidad normativa manifiesta en los modos de actuar de la mayoría de los individuos. Esto hace viable el correcto desarrollo del complejo entramando de relaciones sociales, determinado por el comportamiento cumplidos de las regulaciones comunes de valor o normas culturales y de todo tipo por parte de la mayoría de los ciudadanos.

 Pero cuando la conducta de un individuo se aporta de tales pautas normativas aceptadas y observadas por la generalidad de sus semejantes, ocurren conflictos sociales que, pudiendo llegar a ser de gran envergadura, han conducido el análisis de lo que para dichas mayorías sociales constituyen desviaciones conductuales.

Varias corrientes doctrinales han tratado de explicar el origen y las causas de conducta desviada, termino manido en cuestiones de explicación de la criminalidad. Al mismo dedicaremos el análisis que sigue.

 Se han superado en la actualidad las tesis puramente biologicistas, que bajo el liderazgo de Cesare Lombroso asumían al desviado como preparado inmóvil bajo la lente del microscopio de los fieles a la ley. Sus investigaciones sobre los delincuentes le llevaron a concluir que los hombres se distinguen entre sí, tanto dentro como fuera de los muros de la cárcel, por características biológicas y antropológicas. La escuela biologicista tomo como etiología de la desviación a los factores hereditarios, adicionando a ello que el carácter y temperamento del desviado estaba determinado por su biotipo, asi como la influencia de ciertas patologías que hoy la ciencia médica define como alteraciones del funcionamiento metabólico y endocrino. Por tanto, al tomar el biologicismo en consideración solo los aspectos biológicos del ser humano, minimiza los factores económicos y sociales que inciden normalmente en su conducta, razón por la que arriba a conclusiones inconsistentes desde el punto de vista científico (Kautzman, 1988: p. 25).

  Igual suerte corrienron los modelos psicologicistas, que explican el comportamiento desviado en función de determinados procesos psíquicos normales o patológicos entre los cuales se deben destacar los modelos psicodinámicos (psicoanálisis criminal), psiquiátricos (psicopatología) asi como en el ámbito de la psicología criminal (García-Pablos, 2007: pp- 344-420). Estos “muestran las causas de la desviación asociadas a procesos psicológicos del hombre, con similar desentendimiento de la influencia de los factores exógenos en el comportamiento humano, o sea, de las variables de tipo social que actúan sobre el propio individuo” (Garrido, 1997: p. 53).

Se abren paso entonces las teorías que observan al desviado como producto de su deficiente proceso de socialización. Para sus precursores, la conducta desviada es aprendida en el proceso de socialización, tomando como referente a las agencias socializadoras que como ya se ha enunciado lo llevan a cabo, y son las que ejercitan al individuo en los modelos de conducta social, en las actitudes y en las normas. Son, por ello, dichas instituciones las que con sus defectos pueden sentar tempranamente el germen de la desviación en general. Las teorías de la socialización están abiertas, no obstante, a la incidencia de traumas adquiridos en la experiencia vital del sujeto desviado, y establecen conexiones con grupos sociales o con una sociedad en su conjunto, a partir de las cuales pueden ser explicados los defectos de socialización. “Esta conexión de momentos individuales y psicosociales con modelos explicativos socio-estructurales es, sin duda, la más importante razón del alto grado de aceptación de las teorías de la socialización” (Hassemer, 1984: p. 50).

Asi mismo, las doctrinas analizadas se muestran abiertas a las nuevas orientaciones de las ciencias del hombre y de la sociedad, logrando fácilmente integrar las oportunidades del psicoanálisis o de la sociología de grupos. El balance de las teorías de la socialización ofrece en su haber un raudal de investigaciones empíricas, en mayor medida que las teorías biológicas, que proporcionan abundantes justificaciones de la conexión entre socialización defectuosa y conducta desviada.

Las teorías de la socialización, a pesar de su amplio dominio, padecen de una visión del fenómeno de la desviación, si bien más amplia, aun parcial. Precisamente estas teorías constituyen la promesa fundamentada de que la política criminal y la aplicación del Derecho Penal pueden producir por si solos resultados positivos, sin necesidad de esperar a que tengan lugar transformaciones sociales de conjunto, constituyendo este un mayúsculo yerro de sus precursores. 

Sustentamos este criterio en el hecho de que no se deben pasar por alto los problemas estructurales de la sociedad que determinan un inadecuado funcionamiento de las diversas agencias socializadoras, generando estas en buena medida las deficiencias en la socialización que desembocan en desviaciones, no solubles por el Derecho Penal sino desveladoras de una responsabilidad que recae sobre la sociedad misma  y sobre la cual resulta imperativo incidir

Para las teorías de la socialización hay una amplia gama de medidas a las que consideran como razonable y efectiva palanca de transformaciones político-criminales. Entre ellas se pueden mencionar las siguientes: internamiento de los condenados que presentan una socialización defectuosa en centros penitenciarios de resocialización; medidas de asistencia educativa voluntaria; imposición de reglas de conducta en los supuestos a prueba de las penas de prisión; sometiendo del condenado a vigilancia y orientación de agentes de prueba durante la duración de la misma, etc.

 Estas teorías, con su arsenal de medidas de intervención, constituyen la justificación criminológica de la idea de la resolución que hoy domina el sistema penal (Hassemer, 1984: p. 61).  Aunque en tal sentido resulta valida la siguiente observación: intervenir solo sobre el desviado, especialmente el delincuente, también ha sido el motivo principal del fracaso de los ideales resocializadores en la actualidad.

Las teorías de la socialización, en resumen, pueden aportar en el orden empírico un caudal de resultados cualitativa y cuantitativamente superiores en función de aportar explicaciones sobre la desviación. Ahora bien, los estudios sobre la socialización defectuoso resultan dudosos y parciales si no se interroga también el investigador por la estructura social, es decir, por las formas de vida en sociedad y las condiciones de la misma que un concreto estado de cosas históricamente determinado produce o, cuando menos, lleva consigo. 

Entre las teorías que investigan las condiciones de la desviación en las deficiencias socioestructurales se encuentra la de la anomia, por cierto, la que ha alcanzado el mayor crédito. Y no sin razón, pues ha conseguido como ninguna otra tender un oportuno puente entre el individuo desviado y las condiciones sociales.

 El concepto de anomia fue empleado originariamente por Emil Durkheim, con el pretendía designar un estado personal y social de falta de normas y de desintegración. Intentaba explicar el surgimiento de la anomia por medio de la división del trabajo, la que no producía contactos lo bastante eficaces entre sus miembros ni regulaciones adecuadas de las relaciones sociales. Creía que los suicidios provocados por una situación de anomia eran, por tanto, consecuencia del fracaso de los frenos sociales en lo que podría llamarse “ambiciones demasiado presuntuosas”.  

Mientras, Robert Merton (1964) trataba de explicar no solo el suicidio, sino también el crimen, la delincuencia, los desórdenes mentales, el alcoholismo etc. Para el, la conducta desviada incluye al exageradamente conformista, al extremista, al revolucionario, al virtuoso, al burocrático etc. Este se limitó a plantear su investigación estrictamente en el plano sociológico, pero completando los conocimientos sobre la estructura social a los que iba llegando con su proyección sobre los efectos de esta en los tipos de individuo. Uno de sus aportes fundamentales fue la distinción entre la “estructura cultural” y la “estructura social” de toda comunidad y el análisis de los efectos de ambas que se proyectan sobre los individuos socializados (pp. 141 ss.).

 En la estructura cultural se incluyen metas y fines históricamente asentados, que determinan el comportamiento de los individuos socializados y que rigen en mayor o menor medida para todos por igual, por ejemplo, el ascenso social y el éxito económico. Por su parte, en la estructura social se cuentan los medios y modos de alcanzar legítimamente las metas anteriores que están a disposición de los miembros de esa sociedad, dígase puestos de trabajo, herencias, entre otros.

 A esta última estructura pertenecen también los medios legítimos y los no legítimos, y entre los primeros, las normas sociales y jurídicas. Una sociedad en la que la estructura social se acopla con la cultural, es decir, en la que están disponibles suficientes medios legítimos para alcanzar los fines y metas perseguidos, es una sociedad que se encuentra en armonía.

Al explicar la anomia y la conducta desviada, Merton encaraba no al individuo, sino al orden social. Puso sobre el tapete una dicotomía arbitraria entre las metas culturales y los medios institucionales para lograr dichas finalidades, donde cualquier meta cultural muy apreciada en una sociedad es probable que afecte los medios institucionalizados. Un equilibrio eficiente entre estas dos fases suele mantenerse mientras los individuos obtengan satisfacciones, conformándose tanto con las metas culturales como con los medios institucionalizados. Por tanto, concibe la anomia como un derrumbe de la estructura cultural que acontece sobre todo cuando existe una discrepancia aguda entre las normas y metas culturales y las capacidades sociales estructurales de los miembros del grupo de obrar en concordancia con aquellas.

Mientras que las metas que la estructura cultural plantea (el éxito económico) atraen con igual fuerza a todos, la estructura social reparte los medios socialmente reconocidos para la obtención de tales metas (un trabajo honrado) de un modo selectivo. Unos disponen de medios tan cuantiosos que pueden alcanzar sin esfuerzo las metas socialmente establecidas, mientras que otros están llamados a fracasar necesariamente, por no ser eficaces los medios que están a su alcance. Por supuesto que una teoría como la de la anomia, que se asienta en los principios anteriormente descritos, supera con amplitud a las doctrinas biologicistas y de la socialización. Ello implica que el origen del comportamiento delictivo no radica en el individuo mismo ni en las personas de su entorno inmediato, es más, no radica en persona alguna, sino en las relaciones estructurales.

“El sujeto no se convierte en delincuente por el mero hecho de ser partícipe activo en procesos de interacción social sino como producto o víctima de la estructura sociocultural. Es la anomia social y la disociación entre la estructura social y la cultural lo que determina la desviación y lo que impulsa a los individuos al delito” (Hassemer, 1984: p. 62).

Dicho esto, válido es significar que no entendemos esta última posición como liberadora en modo alguno del desviado y particularmente del delincuente en cuanto a su propia responsabilidad, descargándola por completo en las estructuras sociales. Sería una irresponsabilidad científica hacerlo, por tanto, asumir como cierto el rol de las estructuras sociales como productoras de desviación y delincuencia significa un avance en la comprensión del delito como fenómeno social, pero no puede obnubilarnos en cuanto a la carga de responsabilidad individual que lleva consigo el comportamiento delictivo.

En el empeño de definir con mayor acierto a la conducta desviada creemos provechoso analizar los planteamientos que al respecto ha aportado Norma Vasallo Barrueta (1994), autora cubana que desarrolla un enfoque psicológico-social del tema en análisis. Para ella la conducta desviada es “toda violación de las normas sociales, desde las simples normas de convivencia social, hasta las normas del derecho y la moral, que son las más importantes en toda sociedad” (p. 57). A su vez propone un modelo que define los factores que determinan dicha conducta, donde influyen para la toma de decisiones respecto a si actuar conforme o no a las normas morales, sociales o jurídicas, no solo la acción del conglomerado de agencias socializadoras sino también la personalidad del sujeto y la denominada “situación vital concreta”.
Sobre esta última variable la referida autora esclarece que tiene dos momentos: uno objetivo que se refiere a las condiciones reales, objetivas, a las que el individuo se enfrenta; y uno subjetivo que se refiere a cómo vivencia él esa realidad objetiva, siendo este el más importante al valorar la situación vital concreta como momento de análisis en el modelo que propone para explicar el comportamiento desviado (Vasallo, 1994: p. 116).

Importante resulta enfatizar en los factores que determinan de manera combinada a la conducta desviada: las agencias socializadoras, la personalidad y la situación vital concreta, esta última conceptualizada por la autora como el conjunto de circunstancias en la vida de una persona que contribuyen al surgimiento de la decisión de cometer el delito. Dicho conglomerado de coyunturas ha sido definido por la autora de referencia como los conflictos previos a la decisión delictiva, derivados de las condiciones en las que se encuentra inmerso el sujeto (Vasallo, 1994: p. 103).

 De manera que para una comprensión holística de la conducta desviada deben tenerse en cuenta una serie de factores que al combinarse determinan la actuación de cada ser humano en correspondencia con las normas o no, dígase las características de personalidad, definitorias estas en buena medida de la forma en que el agente interpretará cada una de las circunstancias en que se verá envuelto en su ciclo vital y en consonancia con ello reaccionará ante estas; así como la influencia de las agencias socializadoras en el proceso de socialización, pudiendo ser este adecuado o deficiente, lo cual a su vez estará mediado por las características de la estructura social y sus contradicciones generadoras de conductas perseguidoras de niveles de vida superiores como característica intrínseca del ser humano.

Todos estos factores deben entenderse actuando de manera constante en un sistema estrechamente interrelacionado sobre cada individuo, aun cuando bajo determinadas circunstancias fácticas y características personológicas algunos de dichos elementos se manifiesten de manera preponderante sobre otros.

 Es importante además referir que cuando se menciona a la desviación de la conducta podemos estar aludiendo solo a la antisocialidad o violación de las normas sociales o morales, a una disonancia en el comportamiento de un individuo que tenga repercusión en el normal curso de las relaciones sociales comunitarias, sin que por esto califiquen como infracciones de tipo administrativo y/o penal. Precisamente las infracciones penales se consideran las formas de desviación más peligrosas, denominadas “delincuencia” o “desviación criminalizada” (Pavarini, 1999: p. 64).

No obstante a lo ya reseñado, resulta un punto obligado precisar que “apartarse o desviar la conducta es un concepto construido e impuesto por mayorías que de esta manera acuñan los modos de actuar diferentes sin que por esta causa sean objetivamente atentatorios siquiera al orden moral simple. Válido es acotar que a su vez “estas etiquetas mayoritarias son impuestas muchas veces manipuladoramente por los medios de comunicación y determinadas agencias y entidades políticas sumamente interesadas en crear estereotipos de desviados, por ser personas que no apoyan ni respetan los intereses de los grupos de poder” (González, 2007: p. 7).

De esta forma se asevera que la desviación no es una cualidad del acto que la persona realiza, sino la consecuencia de un catálogo de reglas y sanciones que los otros aplican al “infractor”. “El desviado es aquél a quien se le ha colgado con éxito la etiqueta de descarriado; el comportamiento desviado es aquél que la opinión social define como desviado” (Becker, 1971: p. 19).

 En tal sentido nos adscribimos al concepto esgrimido por el profesor Ramón de La Cruz Ochoa (2001), quien ha calificado con acierto el tema analizado cuando sentencia que “desde el punto de vista criminológico la desviación puede ser definida como cualquier conducta que se aparte de las expectativas sociales en un momento dado, en cuanto pugna contra los modelos y patrones de la mayoría social” (p. 8).

 En este punto, aunque parezca simple, “al ubicar temporalmente a la desviación en un momento dado adquiere singular significación el criterio de que la desviación como fenómeno social se encuentra signada por las condiciones históricas, y que una conducta se considera desviada en tanto se aparta en mayor o menor grado de los modelos normativos que actúan como referentes espaciales y temporales” (Salas, 1996: p. 2).

 Por ello se afirma que el término “desviación” adjetiviza la conducta, relativizando históricamente los juicios axiológicos dimensionadores del concepto, pues la escala de valores referencial “corresponde a circunstancias contingentes de un momento histórico-social dado” (Peralta, 2002: p. 4).

Otro elemento de cardinal importancia tiene que ver con el hecho de que la internalización asimilativa de las pautas normativas y el correspondiente comportamiento ajustado a ellas no se concreta como un fenómeno social homogéneo. En la práctica existen individuos que en su proceso de socialización no internalizan las normas prevalentes en su medio social general, manifestando por ello conductas discordantes de una o varias pautas normativas.

 Valoración crítica de la categoría “desviación social”.

Si bien en sus comienzos la categoría desviación designó solamente la no conformidad con las normas, en su evolución posterior asumió matices axiológicos que dotaron al término de una seria re-significación descalificativa que reclamaba prácticas controladoras de contención. Se construyó pues un concepto segregativo de desviación, “de esta forma el desviado pudo ser directamente identificado como un inadaptado, carente o falto de socialización o, finalmente, como un rebelde cultural inapropiadamente socializado; algo que usualmente se conoce como un rebelde sin causa” (Bergalli, 2000: p. 16).

 Se plantea en relación a ello que “las nada pacíficas disquisiciones conceptuales respecto a la desviación muestran ambigüedad, vaguedad e imprecisión” (González, 2004: p. 48); uno de los fundamentos en que se basa el sociólogo Silva García para proponer en sustitución del término desviación el de divergencia social, entendido como “un proceso dinámico de interacción entre líneas de acción social que mantienen una relación dialéctica, las cuales generan un campo de separación al distinguirse por las diferencias sobre intereses, actitudes o ideologías existentes entre sus agentes, lo que puede provocar un conflicto y representa una situación de diversidad” (Silva, 2003: p. 19).

 A pesar de esta modificación conceptual, resulta perceptible con el nuevo denominativo que la divergencia social no es otra cosa que líneas de acción interactuantes y diferentes que pueden generar un conflicto social entre ambos vectores conductuales derivando entonces en interés del Sistema Penal. Y, ¿ante esto qué hace el Sistema Penal? Sencillamente desaprueba y en consecuencia reacciona ante una de esas líneas divergentes de comportamiento (Larrauri, 1991: p. 160).

Por ello, aunque Silva García (1991) pretenda con esta noción eliminar el contenido axiológico anómalo que posee el término “desviación” (p. 26), lo inequívoco es que la solución al conflicto de intereses y pautas sociales que entraña la llamada “divergencia social” es similar a la que se podría aplicar a casos en que se maneje el término “desviación”. El propio autor lo aclara cuando refiere que “el concepto de divergencia no conlleva, a priori, que la norma redactada sea correcta o constituya la representación de un deber ser incuestionable, elementos subyacentes al término desviación. La noción de divergencia no sólo es predicable a la conducta que es criminalizada, puesto que la valorada como lícita también es divergente respecto a la primera. Con ello, además, se expone en forma dialéctica la relación existente. Comparece un interés diverso respecto a otro interés también diverso, en una contradicción que el sistema penal aspira a administrar, gracias al reconocimiento de la primacía (según la clase de intervención penal) de uno de los intereses enfrentados” (p. 27).

Borroso, L., Clávelo, Y.  El trinomio socialización-conducta desviada- resocialización. Necesidad de su conocimiento para las investigaciones criminológicas modernas. Recuperado de: https://www.pensamientopenal.com.ar/system/files/2019/09/doctrina48068.pdf

martes, 9 de agosto de 2022

  ¿Cómo se define Comportamiento Moralmente Reprochable?

La moral es un sistema normativo cuyo objeto es el comportamiento humano y que reivindica su validez de forma absoluta e incondicional. La moral es una colección de normas y juicios, que se refieren a actitudes o acciones humanas, y se presentan como una obligación estricta, incondicional e ilimitada. Contiene valores específicos de grupo o individuales para la vida privada, asi como normas sociales o humanas para la convivencia publica, como base para el respaldo o desaprobación personal, pero también como base para la recompensa o el castigo. (Francisco J. Campos Zamora, 2020, p.152).

Desde el enfoque cognitivo social se plantea que las normas morales, el comportamiento moral, las nociones de lo bueno y lo malo, son aprendidas en el proceso de la socialización, que permite apropiar los valores existentes en la sociedad, son aprendidas en el proceso de la socialización, que permite apropiar los valores existentes en la sociedad. (Ortega et al: 2002, p. 37).

Las cognitivas ambientales se convierten en un determinante para la conducta moral. Mischel y Mischel (1976, P. 84), señalan que el logro del desarrollo de estructuras cognitivas que permiten la existencia de ciertas competencias cognitivas no garantiza que la conducta de los individuos sea moral, ya que la conducta se ve influenciada por motivaciones en situaciones específicas. Para estos autores dentro de las competencias morales se encuentran habilidades como colocarse en la posición del otro, razonamiento sobre dilemas morales, y la empatía para comprender las consecuencias a largo plazo de los actos sobre otras personas. Asi, la conducta moral se relacionaría con las expectativas de los actos aprendidos desde la propia experiencia o de las experiencias vividas por otros y cuando las consecuencias no fueran inmediatas, se basaría en las propias autoreacciones.

Con base en la perspectiva cognitivo social, el desarrollo de la conducta moral en los niños y niñas inicialmente esta daba por la expectativa de las consecuencias inmediatas y concretas sobre su conducta. Posteriormente, con la maduración, evaluación y reforzamiento de la conducta, se lograran estimaciones más abstractas y con espacios más amplios de tiempo para el resuelto de sus conductas (Mischel y Mischel: 1976, p. 84; Bandura: 1991, p.46). Por otro lado, Bandura (1986, p.37) señala la importancia del modelado, la tutoría y la exposición a las reacciones de los otros, en el proceso de la interiorización de las normas y valores, como guías en el camino que orientaran la propia conducta. De esta manera, los individuos aprenderán a distinguir entre lo bueno y lo malo, asumiendo diversos comportamientos estandarizados, que siguen llevando a cabo en concordancia con ellos, ante la posibilidad de la autocondena y la auto conmiseración (Bandura: 1996, p. 24; Bandura: 2002, p.101). De acuerdo con el autor, la moral se basa en un sistema regulador anticipatorio, donde las personas monitorean y juzgan su conducta según los estándares morales adaptados y las condiciones percibidas, y se autorregulan por las consecuencias aplicadas a sí mismo, buscando preservar la autoestima y la satisfacción. El funcionamiento moral se lleva a cabo a través de tres subprocesos (Bandura: 2002, p. 101):

Monitoreo: es el inicio para el control de la conducta, da lugar a la evaluación de las propias acciones teniendo en cuenta las reglas morales y el contexto situacional.

Enjuiciamiento: se juzga la conducta teniendo en cuenta si se respetan o no las reglas morales.

Autoreacciones: surgen como resultado del enjuiciamiento, el individuo experimenta emociones positivas o negativas que conllevaran a acción final.

 Según bandera, los razonamientos morales no actúan como predictores de la conducta moral de un individuo, ya que el monitoreo no siempre se activa o lo hace de manera selectiva para la evaluación de la conducta, generando la desvinculación del control moral interno. El funcionamiento moral estaría regulado por distintas influencias que incluyen el pensamiento, las autosanciones, la conducta y las influencias sociales. Desde esta perspectiva, el sujeto es considerado un agente autónomo en la elección de sus objetivos, que tiene en cuenta las normas sociales y personales que le dan curso a su conducta (Paciello, Fida y Tramontano: 2012, p. 199; Bandura: 2004, p. 121).

En la infancia, las experiencias sociales más significativas ocurren en la familia donde los roles sociales con los que se pueden identificar los niños se expresan en las relaciones cercanas (Amar y Martínez: 2011, p. 76).  Asi, Bandura da un enfoque interaccionista al fenómeno moral. La desconexión moral y la conducta socialmente desviada Bandura  (2002, p.101) plantea el concepto de desconexión moral para referirse al proceso donde se presenta el desenganche respecto a los valores y normas adquiridos, acudiendo a las justificación plantea el concepto de desconexión moral para referirse al proceso donde se presenta el desenganche respecto a los valores y normas adquiridos, acudiendo a la justificación de las conductas socialmente reprochables con argumentos lógicos, para protegerse de sentimientos como la vergüenza y la culpa.

Los mecanismos de desconexión moral se manifiesta cuando el sistema de monitoreo para evaluar las conductas no se activa. De esta manera se da la desconexión selectiva de los marcos éticos (Bandura: 1996, p. 24).  En este proceso se reestructura la percepción del propio de la propia conducta con el fin de minimizar las consecuencias del comportamiento, manteniendo una coherencia entre dicha conducta y los principios y criterios morales. Lo anterior permite al individuo evitar las autosanciones y los conflictos morales.

Según Mischel y Mischel (1976, p. 84) el individuo procurara siempre justificar su conducta por muy reprochable que sea, para conservar su autoconcepto y autovalía. Esta propensión puede ser explicada desde el concepto de disonancia cognitiva planteando por Festinger (1957, p. 3), que explica la tendencia de los individuos a producir nuevas creencias cuando se enfrentan a una situación en la cual su comportamiento entra en conflicto con sus principios morales, con el fin de minimizar el malestar que esto pueda causarles y reestablecer la percepción de coherencia interna. Las creencias que favorecen el proceso de la desconexión moral se encuentran agrupadas en cuatro técnicas de racionalización, compuestas por ocho mecanismos de defensa que permiten la desactivación de la autoreacciones o autosanciones (Bandura: 1991, p. 45; Detert, Treviño y Sweitzer: 2008, p. 374) y facilitan implementar libremente conductas reprochables.

 Referencias bibliográficas:

Campos Zamora Francisco J., (2020). SOBRE ÉTICA Y MORAL ALGUNAS PRECISIONES ÚTILES PARA ESTUDIANTES DE DEONTOLOGÍA JURÍDICA1. Recuperado de 44533-Texto del artículo-168166-1-10-20201111.pdf       

MARTÍNEZ-GONZÁLEZ, Marina B.; ROBLES-HAYDAR, Claudia A; ALFARO-ALVAREZ, Judys, (2020). Concepto de desconexión moral y sus manifestaciones contemporáneas. Recuperado de:

https://www.redalyc.org/journal/279/27964922024/27964922024.pdf

lunes, 8 de agosto de 2022

 

¿Cómo se define Fenómeno Antisocial?

Una conducta antisocial se puede definir como un conjunto de comportamientos, prácticas o actuaciones que su objetivo principal es la perturbación del orden social. Estos actos se categorizaron como transgresiones, abusos, infracciones o delitos juzgados y sancionados por la ley y de igual manera por la sociedad. Las personas con este tipo de comportamiento pueden cometer actos de vandalismo, robos o atracos, como con la intención de perjudicar otras personas mediante agresiones, ataques y ofensas también abusos y acoso.

Sus características son:

Hay sierra interpretación de ciertos comportamientos de conductas antisociales lo cual es un problema en la sociedad actual en los últimos años el número de conductas antisociales ha aumentado, esto se da por los cambios y fenómenos sociales y económicos vividos. Hay que tener en cuenta que cada cultura o sociedad puede variar las normas que establecen para regulas estas conductas. Para distinguir una conducta antisocial es importa tomar en cuenta estos puntos:

·         Evaluar la severidad de los actos.

·           Evaluar la actuación en cuanto a alejamiento de las normas establecidas socialmente.

·         Contexto socialmente en el que se lleva acabo.

  Causa y factores de riesgo.

1.        Factores individuales.

Elementos como el temperamento o la personalidad, así como la impulsividad y los problemas de atención o la dificultad para adaptarse a los cambios pueden ser factores de riesgo básicos para el desarrollo de conductas antisociales.

Igualmente, la falta de habilidades para resolver problemas, un bajo ajuste escolar o social y una carencia de habilidades sociocognitivas, dificultan que la persona encuentre alternativas eficaces y satisfactorias en la resolución de conflictos más allá de las conductas antisociales.

 

2.          Factores familiares.

El ambiente familiar así como los estilos de crianza son esenciales a la hora de favorecer la aparición o desarrollo de conductas antisociales. Experiencias como la separación de los padres, los cambios de hogar o vivencias de situaciones más extremas de abuso o violencia domestica pueden resultar desencadenantes para estas conductas. Además, estilos de crianza inadecuados como los estilos muy permisivos o autoritarios también pueden ejercer un fuerte efecto en ellas.

 

3.   Factores ambientales.

El contexto sociocultural, la influencia de los medios de comunicación, de la escuela, los grupos de iguales o algunas instituciones, agrupaciones o asociaciones también pueden favorecer o alentar las reacciones agresivas violentas o coléricas de algunas personas.

Trastornos.

1.   Trastorno antisocial de la personalidad.

Es la aparición de un patrón de conducta que revela un desprecio general de las normas y los derechos de los demás. Sus síntomas son, infracción de las normas, el engaño y la manipulación, también la impulsividad, la falta de remordimientos y la despreocupación de la seguridad ajena.

 

2.   Trastorno disocial de la personalidad.

Los comportamientos son iguales a los del trastorno antisocial de la personalidad, pero se diferencia porque se manifiesta a temprana edad, en la edad infantil o en la adolescencia. 

Referencias bibliográficas:

Rovira I. (2018), Conducta antisocial: que es, factores de riesgo y trastornos asociados.  Recuperado de: https://psicologiaymente.com/psicologia/conducta-antisocial

 

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